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El Abecedario climático peruano, que comenzó como una aventura periodística para entender el país, se ha convertido con el tiempo en un artefacto diseñado para transformarlo. Sus relatos y testimonios, recogidos a lo largo de los últimos quince años en lugares remotos, han emprendido el camino de regreso hasta las comunidades campesinas y nativas de donde salieron, pero ahora lo hacen con valor agregado y una importante misión: convertir lo aprendido en conocimiento que pueda volver a la comunidad y servir para transformar su propia realidad.
Todas las historias que aparecen en el libro, como la del coleccionista de papas Fausto Blas, la de Gregoria Cruz, recicladora en Arequipa, o la de los reconocidos cocineros Virgilio Martínez y Pía León, están regresando a las aulas para transformar cuatro escuelas rurales en Amazonas en verdaderos centros vivos de aprendizaje climático. Alrededor de trescientos estudiantes de secundaria, inspirados por el Abecedario climático peruano, han comenzado a trabajar aspectos de su identidad, pertenencia y liderazgo como parte de un proceso para desarrollar soluciones sostenibles que les permitan superar con éxito los desafíos ambientales de su región.
La palabra “liderazgo”, pero aún más la imagen con la que se ilustra en el libro –la ambientalista Ruth Buendía sobre una gran roca junto al caudaloso río Satipo y luciendo el vestido tradicional de su pueblo asháninka–, han sido dos poderosos recursos para despertar la curiosidad de los sesenta niños y niñas del colegio 16353 de Numpatkaim.
“Gracias al Abecedario han aprendido a vincular el liderazgo con las iniciativas de mujeres locales”, explica el profesor Jorge Cerquera, quien añade: “Han ampliado su visión del significado de líder y han aprendido que la confianza se construye desde la participación y el trabajo colectivo”.
Estos adolescentes también han descubierto que tienen un gran poder de movilización y que pueden utilizarlo para cuidar sus recursos naturales. Han llegado a la conclusión de que si los niños de la comunidad nativa Puerto Prado, en Loreto, lo han logrado –así lo ilustra la palabra “legado” presente también en el libro–, ¿por qué no ellos?
Si durante los primeros meses del nuevo ciclo escolar los chicos trabajaron las dinámicas en el aula, en los próximos meses les aguarda un reto mayor: inspirados en el Abecedario, protagonizarán sus propias acciones de adaptación y mitigación e intentarán resolver algunos desafíos locales.
Enseñar a liderar
Jorge Cerquera es profesor del curso de Desarrollo personal, ciudadanía y cívica, y uno de los participantes del Programa de Liderazgo (PDL), ejecutado por la asociación civil sin fines de lucro Enseña Perú para impulsar un movimiento por la educación, especialmente en zonas rurales. Este programa recluta a profesionales jóvenes de diferentes carreras para que, además de ampliar su propia formación como articuladores de iniciativas educativas que involucren a toda la comunidad, enseñen en escuelas públicas. Así, durante dos años que dura su paso por el PDL, impulsarán en los estudiantes nuevas habilidades de liderazgo e iniciativas de cambio.
La donación de 120 ejemplares del Abecedario climático peruano llegó cuando Enseña Perú estaba a punto de comenzar uno de sus pilotos con niñas awajún en Amazonas. En ese momento, sus responsables consideraron oportuno asimilar a su programa las actividades de cuidado medioambiental y la gestión del cambio climático que el libro propone. Entonces, la donación original se amplió: 120 ejemplares del Abecedario, 25 ejemplares del Aulacedario –guía metodológica diseñada para motivar a los docentes a utilizar el libro en el aula–, dos jornadas de capacitación para los responsables educativos zonales y el acompañamiento de Enseña Perú durante todo el ciclo escolar.
A finales de abril, los libros partieron desde los almacenes de la editorial Penguin Random House en Lima y, tras recorrer más de mil kilómetros por tierra, fueron recibidos por el equipo de Enseña Perú en Chachapoyas. El segundo tramo, no por ser más corto, fue menos intenso: transportados en “peque peque”, los libros remontaron la corriente del río Chiriaco hasta que llegaron a los cuatro colegios seleccionados.
Lizeth Chipana, licenciada en lengua y literatura, recibió los suyos en la comunidad nativa de Pakui. Dejó Puno para vivir una experiencia educativa en la selva y desde hace unos meses forma parte de este piloto. “Mis alumnos han podido relacionar los contenidos del Abecedario con su entorno y, gracias a los textos y las imágenes, han podido compararse con otras realidades del Perú”.
Sin ir más lejos, la propia Lizeth ha podido mostrarles los paisajes, tradiciones y algunas palabras en quechua y aimara de su tierra natal, tan diferente a Amazonas. Les han bastado seis sesiones de trabajo con el Abecedario para que los 80 adolescentes del colegio de Pakui se organicen para entrevistar a los sabios de la comunidad. Entre todos quieren sacar adelante un gran reportaje que recoja los saberes ancestrales ligados a su entorno, al río, al clima y a la naturaleza. Ese espíritu participativo es precisamente uno de los fundamentos del Programa de Liderazgo que propone Enseña Perú y que invita a alumnos, padres y autoridades, y a todos miembros de la comunidad, a trabajar juntos por el futuro de los niños como estrategia para potenciar la mejora educativa de cada comunidad.
En otro colegio, el Fe y Alegría 62 de Wachapea, el Abecedario ha inspirado la ampliación de un pequeño biohuerto que provee de verduras frescas al comedor del colegio. “A mis alumnas les llamó la atención la palabra “Biohuerto” porque hemos hecho uno en el colegio, pero también porque ya lo conocían en su ámbito familiar”, explica Elizabeth Mendoza, ingeniera industrial de formación, y profesora de matemáticas, ciencia y tecnología de 57 niñas. “Sin embargo, el libro les ha enseñado algo nuevo: estos espacios fortalecen la seguridad alimentaria y representan respuestas locales concretas y prácticas frente a los desafíos climáticos”. En los próximos meses, sus alumnas ampliarán el perímetro del biohuerto y, cuando regresen con sus familias, pondrán en práctica lo aprendido.
Otra experiencia similar es la ha vivido el psicólogo César Marchán, profesor en el colegio secundario de Pakui. Sus alumnos han relacionado diferentes palabras para construir de esta manera cadenas de conocimiento. César propuso como primer eslabón “andenería”, y los adolescentes encontraron una ruta a través de las palabras “minga”, “sabio”, “drenaje” o “erosión”. Después de nueve sesiones, todos han adquirido conocimientos técnicos de construcción, y comprenden cómo ciertas prácticas agrícolas ayudan a cuidar el territorio y a prevenir los embates del clima; sobre todo cuando estas prácticas se fortalecen con el trabajo colectivo y el rescate de los conocimientos de los sabios ancianos.
Sin vuelta atrás
Ciento doce palabras sobre prácticas de adaptación y mitigación frente al cambio climático emprendieron en el 2024 un viaje soñado por todo el país; dos años después, han aterrizado en cuatro colegios awajún de la provincia de Bagua. El Abecedario Climático Peruano, aparentemente un libro tradicional, es, en realidad, un artefacto. Si bien la palabra “artefacto” remite literalmente a “hecho con arte”, la definición que más se adapta a su personalidad es la de “carga explosiva”, porque sus contenidos están pensados para hacer detonar conversaciones y provocar curiosidad, descubrir aspectos invisibles del país y promocionar las acciones climáticas protagonizadas por ciudadanos críticos y responsables.
Durante los primeros meses del proyecto piloto, en el distrito de Imaza, trescientos niños y adolescentes han comenzado a creer que los pequeños resultados facilitan la aceleración de grandes cambios. Que la decisión de crear una biblioteca comunitaria en San Rafael, la ampliación del biohuerto en Wachapea o la ilusión en Numpatkaim por producir su propio abecedario de saberes locales forman parte del plan. Y que, si quieren lograr un cambio, tienen que creer que este es posible y que su rol, a pesar de su juventud, es fundamental. El deseo de Enseña Perú es que cada estudiante logre encontrar su propósito y alcance sus sueños.
En Amazonas han comenzado a detonar las primeras iniciativas con futuro.























